11/14/2011

Tu lugar - Por Alejandro Ariza.

Si tuviera que elegir entre tener más cosas o vivir más experiencias, sin duda elegiría la segunda. E intuyo que en un futuro en mi vida, ya ni siquiera lo segundo. Por suerte intuyo que todavía falta un rato para llegar a ese nivel de conciencia. Llega un momento en donde descubres lo que realmente eres: conciencia pura. Y cuando llegas a ese momento descubres lógicamente que jamás puedes “tener” algo realmente. Lo más que puedes, como conciencia de lo que realmente eres, es vivir la experiencia, pero no más de ahí. La vida es fácil, muy fácil, exageradamente fácil. Sólo nosotros somos quienes la complicamos con las elecciones que hacemos en nuestro paso por ella. Elecciones erróneas sucedidas como lógica consecuencia de no saber quiénes somos realmente. El ego haciendo de las suyas, como siempre, durante todo el tiempo que tardamos en descubrir quiénes somos realmente. Gastar un dinero que en verdad no se tiene empieza a complicar la vida. Mantener una relación con alguien que en verdad no queremos, complica la vida. Tener hijos que nunca se desearon, complica la vida. Trabajar donde no nos gusta, complica la vida. Comer lo que sabemos claramente y de antemano que no nos conviene, complica la vida. Y cuando con nuestras elecciones nos complicamos la vida, como poderosa estrategia psicológica buscamos una “forma de compensación” (Def.: Igualar en opuesto sentido el efecto de una cosa con el de otra), algo que resarza el daño que sentimos por nuestro sufrimiento, entonces muchos encuentran esa forma “comprando”, “comiendo” o “teniendo” más y más cosas como fuente de placer. Un placer buscado para compensar el sufrimiento. Formas de resarcir el daño. Autoindemnizarse por el perjuicio autoprovocado. Y qué ironía que eso se torna en un círculo vicioso de desgracia. Por mis elecciones obtengo un resultado que me desagrada y para compensar ese resultado hago algo que al principio parece que me da placer, pero que termina aumentando la complicación en mi vida, luego busco más compensaciones, mismas que siguen dañando mi vida. La gente entra a una espiral de desgracia. Y se nota en sus rostros, en sus cuerpos y en su actitud. Eso se nota y muy evidentemente. Y lo peor: gente que se hace daño, sufre. Y gente que sufre así, tiende a hacer sufrir a los demás, acumula tanta hiel que la derrama. Nota cómo la gente que vive en amargura por el trabajo que realiza, por la relación que optó tener, por los resultados que él o ella misma engendró, se tornan en personas agresivas en sus comentarios para los demás y para la vida, sus movimientos corporales se empiezan a hacer grotescos, su presencia baja el nivel de energía que le circunda, descomponen por donde pasan. Por eso, con una reflexión como la que escribo hoy, lanzo al mundo la intención de detener tanto derrame de hiel eliminando su fuente de origen, las propias elecciones. Ayer comentaba con un gran amigo: “Oye, ¿Has notado cómo hemos dejado de “salir corriendo” al teatro o al cine -o a cualquier otra forma de entretenimiento- últimamente?”. Continué: “Sé que esta “prisa” por salir corriendo a vivir algo agradable ha disminuido porque cada vez gozamos más intensamente lo que hacemos diario: dar presentaciones, dar conferencias. ¡Vivimos la dicha y la gracia de que nuestro “trabajo” sea nuestro más atractivo y fortificante entretenimiento! Entonces, no necesitamos ir a divertirnos más cuando ya vivimos divertidos intensamente haciendo nuestro labor!”. “Estamos bendecidos” -dijo. Y dijo bien. Y lo mejor: cualquiera está bendecido desde el principio de su existencia si tan solo tuviera el arrojo y el coraje de seguir las claras señales de destino que le apuntaban hacia la experiencia de su misión como gracia. El problema: casi nadie hace caso a las claras señales de destino. Es una bendición de Dios como entrada al paraíso aquí en la tierra, hacer lo que más disfrutas y divertirte en ello, al mismo tiempo que es tu fuente de ingresos y subsitencia. En otras palabras: la gracia de estar cumpliendo tu misión existencial por haber encontrado tu lugar en esta vida. Por algo se llama “mi”-sión No “su”-sión, ni “la”-sión. Desde hace un buen rato en mi vida vengo sintiendo que necesito menos, mucho menos. Y “coincide” con el mismo rato en donde gano más. Luego, y sin quererlo, vas teniendo más, sin necesitarlo. Esa es una riqueza extraordinaria que sugiero nadie se pierda de esta experiencia. Y es una riqueza no de dinero, sino en todo lo que el sentido de la palabra abarca. Es ir caminando por la calle sin la necesidad de usar lujosas prendas y saber que tienes el dinero suficiente y de sobra para ellas, pero ya no las necesitas porque incluso ya ni las prefieres. Y de lo mejor es saber que tienes y tampoco sentir la necesidad de decírselo a nadie para justificar que no vas caminando con lujosas prendas. Llega un momento, alcanzas un estado de conciencia, donde si tú eres el único que sabe tu condición real, es más que suficiente. Llegas a una de las mayores dichas de una Nueva Conciencia: cuando no necesitas demostrar nada... a nadie... nunca.
Llegas a preferir vivir una experiencia que se quedará muy en tu alma, en vez de tener algo que solo tocará tu cuerpo o estimulará tus sentidos. Llega un momento, llegas a una Nueva Conciencia, donde la elecciones que compensan intentando resarcir el daño autoprovocado, dejas de optar por ellas. Pienso y siento que es un punto de tu evolución donde al fin, llegaste a tu lugar en esta vida. Y puede ser esta una de las reflexiones a manera de revelación más poderosas que en un texto he escrito. Si sigues haciéndote daño con tus elecciones, claramente es una señal de que no estás en el lugar que te corresponde en esta vida. Entonces, sigue buscando, hasta que te dejes de hacer daño. Sé que muchas de las elecciones para compensar tus primeras elecciones (círculo vicioso para muchos si todas esas elecciones van siendo deletéreas para tu existir) pueden llegar a un momento donde pareciera que ya no tienes salida. Te adelanto que sí hay salida, solo que quizá ya sea extremadamente desafiante para ti el atreverte a salir. Ejemplo: haber elegido erróneamente a tu pareja y llevar años así incluso hasta casados. Se requieren muchas agallas para decir: “¡Hasta aquí! ¡Se acabó!”, y separarte. Ahí corriges de verdad. Cualquier otra medida es paliativa y parte de un círculo vicioso de sufrimiento. Por ejemplo, ¿Has notado a cuanta gente le da “cursitis”? Esa que va de un curso a otro, de un seminario a otro, de una conferencia a otra, de un retiro a otro, de un temazcal a otro... buscando siempre la paz y la armonía que no encontrarán jamás hasta que dejen de hacerse daño con lo que quizá implique atreverse a tomar una sola elección que es difícil pero resolvería todo. Es intentar llenar el vacío de una lata sólo poniéndole etiquetas y etiquetas, una sobre otra, por fuera. Las etiquetas por más valiosas que sean nunca llenarán el vacío interior de la lata. Las etiquetas incluso no tienen eso como su objetivo real. El sentido de una etiqueta es cubrir y mostrar, no llenar y saciar. Hay que buscar contenido y llenar ese vacío interior con sentido. Precisamente hace unos días estaba en una cena donde a todas luces se notaba un matrimonio donde ella era la clara “víctima” del maltrato por parte de su millonario marido incluso públicamente, ya sabes, la típica “burlita sutil” pero que cala, donde la vergüenza la sentimos hasta los ajenos al comentario. Pero también se notaba a todas luces que ese maltrato ella se lo podía aguantar a cambio de las compensaciones que la riqueza económica de su marido le daba. Un caso harto común en miles de parejas que conozco. Elecciones compensatorias como cuidar a un hijo, hacer yoga... manejando una lujosa camioneta para llegar a las clases de yoga o al hospital para la rehabilitación del hijo. En este ejemplo en particular, se requeriría de muchas agallas para dejar a ese marido y emprender su propio camino de paz. Seguramente con mucho menos dinero al principio, pero si la persona alcanza un nivel de conciencia determinado, podría alcanzar a darse cuenta de que nunca se trató de tener dinero, sino de disfrutar la experiencia de vida sin necesidad de compensación ninguna. Llega un momento donde lo que tienes resulta fácil para ti desprenderte de ello. Porque llegas a una Nueva Conciencia donde alcanzas a darte cuenta de que nunca ha sido nada tuyo. Nada. Si no me crees, pregúntale a la muerte. Pregúntale a la muerte quién es el verdadero dueño incluso de tu cuerpo. Si te esperas a escuchar la voz cuchicheada de la muerte en tu oído, te sobrecogería la respuesta. Si de “tener” se trata, siento y pienso que lo único posiblemente propio sea la experiencia y su recuerdo. Nada más de ahí. Tu problema -y el de muchos- es tu creencia con todo lo que digas después de la palabra “mío”. Cada cosa que creas tuya es un eslabón más que teje una cadena autoimpuesta. Yo desde hace años ya jamás uso la palabra “mí”. Y todo cambia. El depa donde vivo, siempre hago referencia a él como “el depa”, y nunca digo “mi depa”. La camioneta que uso, siempre hago referencia a ella como “la” camioneta, y nunca digo “mi” camioneta. El trabajo que realizo lo nombro como “el” trabajo, no “mi” trabajo porque ni eso es mío. Lo que sí es mío, en todos estos ejemplos es la experiencia vivida, y esa -para colmo- ni necesidad de confesarla tengo, ni de decir nada de ella. Es tan mía que no siento la más mínima necesidad de comentarla, precisamente porque es tan mía, y lo es tanto, que nadie entendería lo que significa esa experiencia para mí. Es una experiencia tan intensamente mía que autosuspende la necesidad de comentarla en virtud del entendimiento que comprender esto hace que vea el que nadie alcanzaría a empatar, y no por incapacidad alguna por parte de los otros, sino por la misma naturaleza de la experiencia, es terreno de lo íntimo y privado, no existen en ningún otro lado. Quizá de ahí el sublime silencio que guarda un ser que ha encontrado su lugar en la vida. Cada vez disfruto más por cobrar dinero por dar mi opinión, y es que he llegado a un momento en que si no se me paga, como claro y evidentísimo símbolo de el interés de la otra persona por escuchar mi opinión, me abstengo totalmente de darla. El grado de interés y la magnitud de atención cuando alguien paga por escuchar una opinión es dramáticamente diferente a cuando no se paga por ella. Entonces para qué darla cuando no hay suficiente atención e interés del otro lado. En mi experiencia, en muchos casos, es tirar agua pura y cristalina directo a la coladera. Claro que hay honrosos casos donde sin pagarme, gustoso doy mi opinión, casos excepcionales donde la persona sinceramente me confiesa no tener dinero para pagar pero la magnitud de la atención que pone, me invitan amorosamente a opinar con mi mayor talento posible. Estos casos son los menos (y son los menos no por que sean casos de no tener dinero -¡esos son los más!- sino por la magnitud de atención y concentración que logran para escuchar la opinión de quien creen les pueda dar ayuda). Por eso desde hace muchos años me he vuelto tan callado en mi vida de relación social. Mucha gente cree que por poder hablar durante 4 o más horas en un escenario sin parar, puedo hacer lo mismo acá abajo en una mesa o en una sala. No sé, pero no puedo. En mi vida de relación en corto y con gente desconocido sobre todo, soy muy callado. Me da risa cuando me dicen halagándome muchas personas lo bien y profundo que les escucho, que cuánta atención les pongo. Pero es que no puedo hacer otra cosa más que escuchar si de tan gratis es el momento. No cobro ni por escuchar tan sublimemente. Momentos valiosos de relación donde para mí, no se trata de ganar y tener, sino de llevarme la experiencia. Desde que escribí mi más reciente libro, Ayuda, me ha quedado más y más claro incluso para mí el hecho de que la mejor ayuda sólo se puede suceder si el otro la pide, existe la “Ley de Petición”, porque si la pide pondrá más atención, la atención sucedida por su verdadero interés en recibirla. Y ¿Sabes? Cuando alguien pone tanta, pero tanta atención, alcanza a sentir el impulso a la acción. Hay un hilo conductor entre atención y acción. El hilo de en medio puedo llamarlo comprensión y entendimiento. Por eso tan poca gente emprende la acción. Hoy pensé que tomaría la MacBook Air donde disfruto tanto escribir, para iniciar este texto, pero a momentos siento que fue al revés. Ella me tomó a mí. Estando cómodamente recostado al amanecer en un domingo, la vi, me vio, y empecé sin percatarme bien en que momento empezaron a fluir estas letras. No sé quien tomó a quién. Pero aquí estoy. Haciendo una de las actividades que tanto me encanta hacer. Y gratis. Tu no pagas nada, absolutamente nada por recibir tantísimo de lo que hay como Luz en esta página de internet, pero yo sí me llevo la divina experiencia de vertirla aquí tan solo viviendo la gracia de sentir cómo sucede a través de mí. Tú ganas y yo también, y a momentos no sé quién más. En algunas líneas -solo en algunas- siento cómo claramente se mueven mis dedos tan rápido que la frase que sale “atraviesa” por mí y me doy cuenta de su mensaje solo hasta que lo leo. Esa experiencia es sublime, indescriptible, innenarrable. Y es una experiencia gozosa exclusivamente para quien su lugar en esta vida está en ser escritor. Con la evolución, con una Nueva Conciencia, descubres que “tu lugar” en esta vida no es un lugar físico donde debas estar, es un experiencia donde puedes ser quien realmente eres. Escribiendo... no intento que nadie goce la emoción de la viva así, pero sí quizá suceda el intento que con este mero ejemplo suceda la inspiración para que tú y otros busquen su lugar en esta vida, sintiendo la experiencia por hacer lo que puedan ser ahí, en ese lugar, donde la experiencia gozosa de la vida es tan intensa como creo está diseñada para ser experimentada. Además, deseo tanto que la gente se inspire a buscar y encontrar su lugar en esta vida, porque otro beneficio colectivo se sucede porque esa gente deja de dañar. Al fin, deja de haber hiel que se derrame. Ahora, todo lo contrario. Solo amor y paz se empieza a esparcir con la presencia de alguien que ha encontrado su lugar en esta vida. Cuando escucho la canción de “All you need is love” (ta-ra-ra-ra-ra), de John Lennon, me da risa que el mismo mensaje se escucha cuando canta cualquiera de sus otras canciones. ¡Por Dios! Si cuando ves a alguien haciendo lo que más le gusta es ese el mensaje diciéndoselo a sí mismo y mostrándolo a los otros en la actividad que realiza! “All you need is love” (Todo lo que necesitas es amor). El ojo y el oído muy inexperto y primitivo creen que esa canción se refiere a encontrar a alguien a quien amar, o peor aún, encontrar a alguien que te ame y creer que eso es todo lo que necesitas. Sólo con una Nueva Conciencia descifras el mensaje. Se refiere al amor en que te conviertes mientras haces lo que debes hacer estando en tu lugar en esta vida, siendo quien realmente eres y desde ahí actuando..., ahí te conviertes en amor, ahí eres amor... y eso es todo lo que necesitas! Observa con atención cuando dices de alguien: “¡Es un amor!, ¡Me lo como!”, si observas con atención, muchas veces te refieres al gran atractivo que resultó para ti alguien mientras ese alguien estaba haciendo divinamente lo que vino a hacer en este mundo siendo lo que realmente es ahí en su lugar en esta vida. La sorpresa es que no necesitas comértelo, sino lógicamente es una coloquial y natural expresión de antojo porque tu alma, tu ser, tiene el antojo de experimentar lo mismo que aquella persona, de ser un amor. Tu alma reclama en todo momento encontrar su lugar en esta vida, el punto, las coordenadas donde al fin se sucede todo lo que necesitas, donde eres un amor. Ese es el verdadero antojo. En mi experiencia es un engaño encontrar el amor de pareja si no antes eres amor tú mismo estando en tu lugar en esta vida y siendo y haciendo lo que realmente viniste a ser y hacer. Por eso casi nadie vive el verdadero amor de pareja. Si no has encontrado tu lugar en esta vida, muy posiblemente vives frustrado o renegando de tu actividad, por eso tanta gente se daña estando en pareja y daña a su pareja también. La hiel derramándose primero con el más cercano. Tampoco me trago el cuento de que primero debes amarte a ti mismo para luego amar a otra persona. No se trata de que te ames tú a ti mismo. ¡Imagínate lo difícil -si no imposible- de que ames algo que no te gusta! Esto bajo el supuesto -y harto común- de que no eres quien realmente deseas ser, no haces lo que más te gusta, no estás donde te agrada y aún así, ¡debes amarte! ¡¿Cómo?! No podemos amar lo que nos desagrada, y dentro de las opciones de lo que nos desagrada podemos estar nosotros mismos. ¡Qué tal! ¿Ya viste? Yo mejor diría con una Nueva Conciencia: puedes convertirte en amor encontrando tu lugar en esta vida (eso sí, y eso es todo lo que necesitas), para luego -si quieres- compartirlo con alguien como pareja y así ese amor multiplicar su poder de influencia y beneficio a la humanidad. En esto sí creo, esto lo vivo. Bajo esta Nueva Conciencia se comprende cómo miles de personas no experimentan amor de pareja, sino más bien solo viven en pareja como elección que compensa el vacío que sienten cuando están solos y no son quienes verdaderamente vinieron a ser en este mundo haciendo lo suyo como misión existencial. Esa es otra historia. Cuando te conviertes en amor, es todo lo que necesitas. Por eso “all you need is love”. Y si aún así lo quieres compartir con alguien -sublime y bendita opción-, lo multiplicarás y serás una bendición aquí en la tierra para quien toques a tu paso. Tu presencia, cuando te conviertes en amor, eleva el nivel vibracional de la humanidad entera, tu presencia aporta para arriba. Todo lo que necesitas es la experiencia de ser amor, y es sublime cuando la descubres sin la imperiosa necesidad de “tener” algo o incluso a alguien (de hecho, no puedes “tener” a alguien, pero ese es otro largo e interesante tema). Basta con que seas la experiencia de amor gozándose a sí misma. Esto lo descubres cuando llegas al nivel de conciencia donde alcanzas a saber que eres solo conciencia. La vida es fácil, muy fácil, extremadamente fácil, solo nosotros nos la complicamos con las elecciones que hacemos desde un lugar que no es el nuestro en esta vida. Cuando camino por el parque y me le quedo viendo a una planta, me le quedo viendo fijamente y ¡me hace sentir tanta paz! La flor está así como sin el más mínimo problema. Quieta, quieta. Está en “su lugar” en esta vida. La flor quieta, quieta. No anda de aquí para allá, sube y baja, llenándose de actividades para sentirse útil y productiva. No. La flor quieta, quieta. En paz porque está en su lugar en esta vida. La flor dejó de buscar porque desde su origen sabía quién era y para que vino. No daña a nadie con su ir y venir atropellante. Está en su lugar en este vida, luego está quieta, quieta, solo gozando con lo que le tocó ser. Nunca he visto a un pastito jetón y amargado observando a una rosa diciendo: “Mta... solo a ti te tocó ser “la bonita” del parque, solo a ti te voltean a ver y a mí me pisan... me cagas”. No. El pasto también quietito, quietito, en paz. Disfrutando su lugar en esta vida por lo que le tocó ser y sin envidiar a la rosa. Ni la rosa ni el pasto tienen ego. Por ello no anhelan ser como el otro o mejor que el otro, tener más color o durar más bellos. No, nada de eso. Su belleza se percibe en la paz que irradian por ser solamente lo que vinieron a ser y sin desear más. Son amor manifestándose. Aprendo mucho de la naturaleza. Hace unos días una amiga me llamó y me dijo: “Ariza, ya hay que prepararnos para el maratón que organizaré, quiero que corras y vayamos a correr juntos, o bueno, por lo menos a trotar”. ¿¡Correr!? Yo en 42 años de vida no he corrido más que las cortinas de mi cuarto para que esté bien oscuro y pueda dormir mejor. Si yo hubiera tenido mi lugar en esta vida como corredor no estaría desperdiciando mi valioso tiempo de maratonista aquí escribiendo tantas horas. Esa misma amiga me escribió un día por mensaje escrito de celular: “¡Uf Ariza!, me toca salir del gym, desayuno rápido, deshacer maletas, llevar los hijos a la escuela, hacer el negocio, ir al cine, hacer la cena, atender al marido, leer y prepararme para una presentación... ¡algo más!”. Me le quedé viendo un rato al mensaje. Lo miré con ternura. Es la misma que me invitó a correr. Seguí viendo el mensaje. Sentí compasión. Me hizo recordar alguna etapa de mi vida pasada en que yo me sentía importante haciendo tantas y tantas cosas y alardeando de ellas. Me hizo recordar cuando me burlaba sutilmente de los “huevones” que no hacían nada mientras que intentaba darles lecciones demostrando que el que quiere puede hacer tantas y tantas cosas aprovechando cada minuto y segundo del día. Hace años -bendito Dios- que dejé ese estado de conciencia. Hoy puedo estar como el pastito largo rato, hasta intentan pisarme y no hay tos. Bendigo y respeto todo tipo de actividad y administración del tiempo que cada quien tenga. Si ese es tu lugar en esta vida, haciendo tanto y tanto, está bien. Si no, es posible invitación a que reflexiones y cambies. El hecho es que, en mi caso particular, esa etapa de hiperproductividad hiperacelerada terminó hace años. Hoy gozo intensamente mientras más simple y sencilla sea mi vida. Hoy sé que en aquella época donde corría de un lado para otro... quizá se trataba de inconscientemente de mi búsqueda desesperada para encontrar mi lugar en esta vida, haciendo una enorme cantidad de cosas como elecciones que compensaban una y otra insatisfacción. En mi experiencia, subjetiva por demás, he de afirmarte que tiene un encanto singular e indescriptible llegar al fin a estar quieto y en paz y así lograr sentirse extraordinariamente bien y pleno al mismo tiempo. Incluso produciendo estando así. Si esto te acaba de generar un calambre cerebral por aparente incompatibilidad de hechos, tan solo te podría adelantar que no conoces la forma y por eso crees que es incompatible. Pero, existe la forma, ¡claro que existe!, ese poder estar en paz y quieto y al mismo tiempo producir en abundancia por lo inteligentemente hecho previamente y sin prisa. Sirva esta reflexión de invitación para hacer un alto en tu vida. Quizá pueda ser tan breve como la mera duración de tu lectura y un minuto después cerrando tus ojos y pensando un rato. Hacer un alto en tu vida para ver si vas bien o te regresas. Es sublime entrar a tu centro. Tu centro... ese lugar que es tú lugar en esta vida. Ese lugar donde no tienes que demostrar nada a nadie nunca. Ese lugar donde la Luz fluye a través de ti sin la opacidad autoprovocada por tu insatisfacción, ese lugar donde tu Luz no es otra cosa más que la Luz fluyendo a través de ti para iluminar la vida de otros al mismo tiempo que en el proceso enciende la tuya. Ese lugar donde todo se te da fácil, porque se te da como naturalmente se sucede. Ese lugar al que todos, absolutamente todos, estamos invitados a encontrar teniendo la plena certeza de que existe. Ese lugar donde se cruza tu leyenda personal con la mano de Dios. Es lugar donde tú eres sus manos. Ese lugar donde en paz, en silencio y sin alarde, continuamente experimentas una gran... ¡Emoción por Exitir! -Alejandro Ariza.

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