6/11/2011

Encontrando el mundo interior dentro del corazón.


No recuerdo exactamente el lugar donde me encontraba en Inglaterra, pero estábamos en un páramo donde el sol no había brillado en más de seis meses. Todo el paisaje estaba empapado en una niebla sin fin que hacía que todo estuviera húmedo y escurriendo agua. Estaba enseñando a un grupo de alrededor de cincuenta personas acerca del Mer-Ka-Ba, y en el último día de un curso de cuatro días, les sugerí que tratáramos de hacer la meditación para limpiar la contaminación, pero no había contaminación aquí, sólo niebla. Mi guía interno me dijo: "No te preocupes, haz la meditación y observa lo que sucede".

No fue fácil convencer a este grupo de ingleses de ir afuera, a la niebla y la lluvia, y ponernos a meditar en círculo en un campo con pasto húmedo, pero finalmente accedieron. Yo creo que pensaron que estaba un poco loco, pero de alguna manera me creyeron.

Todos trajeron sus paraguas y plásticos negros para sentarse sobre ellos. Así que ahí estábamos 56 personas, incluyéndome, sentadas en círculo en la niebla y la lluvia, sosteniendo nuestros paraguas para protegernos de los elementos, viéndonos ridículos.

En silencio empecé a hacer la meditación, esperando que algo sucediera pero sin saber qué. Después de quince minutos un hoyo azul se formó sobre nuestras cabezas y empezó a expandirse de la misma manera que en la ciudad de México. Sólo que esta vez creció más rápido y más grande, hasta que alcanzó unos doce kilómetros de diámetro. Ahora estábamos bajo un claro cielo azul con el Sol del atardecer detrás de la pared de niebla, que parecía una cerca de ochocientos metros de altura alrededor de nosotros, en círculo. Y entonces sucedió.

Un sentimiento llegó a cada uno de los que estábamos en el círculo y todos pudimos sentir la presencia de Dios. Se me erizaron los vellos de los brazos. Miramos hacia el cielo y ahí estaba la Luna llena, brillando sobre nuestras cabezas. Sólo que era diferente. El cielo estaba tan claro que, de nuevo, parecía que no hubiera atmósfera para nada. Alrededor de la Luna había algo más que nunca había visto pero acerca de lo cual había oído: estrellas... estrellas alrededor de la Luna, ¡en pleno día! Era asombroso.

De pronto mi atención se dirigió hacia la Tierra, y me di cuenta de que había pequeños animales, ardillas, roedores, perros, todos alrededor de nosotros observando. Grandes cantidades de aves estaban posadas en los árboles cercanos, cantando suavemente. Miré a las personas del círculo y era obvio que estaban en un estado alterado de conciencia. Sonreí pensando en San Francisco de Asís y observé a los animales todos tratando de acercarse más a nosotros, humildes seres humanos.

Recuerdo que un pensamiento cruzó por mi cabeza: "Quisiera que estuviéramos bajo la luz del Sol, hace un poco de frío". Inmediatamente todo el círculo fue iluminado. Rápidamente me volví hacia la fuente de luz y vi un pequeño milagro sucediendo. La pared de niebla había escondido al Sol, pero en el momento en que mi deseo de calor salió a la superficie, se formó un hoyo en el banco de niebla exactamente donde estaba el Sol, dejando entrar un rayo como si fuera una linterna en una noche con niebla. Y el hoyo caminó al paso del Sol por una hora y media. Nuestro pequeño círculo fue bañado en una luz brillante mientras orábamos.

Finalmente decidí que habíamos visto suficiente, y el Sol se iba a poner en unos veinte minutos de todas maneras. Por eso les dije a todos que iba a parar la meditación. Y cuando lo hice, el círculo de densa niebla regresó rápido a donde nos encontrábamos. En pocos minutos estábamos encerrados de nuevo en la humedad y la lluvia del páramo.

Y mientras nos levantábamos, tuvo lugar un verdadero milagro para los parámetros de cualquiera. Un hombre había venido al taller con su esposa, y había estado en una silla de ruedas por más de diez años. Él podía ponerse de pie, pero sólo por unos segundos, suficientes para cambiarse de posición o cambiarse a otra silla, y su esposa lo ayudaba todo el tiempo. Cuando todos empezaron a dejar el círculo, este hombre se levantó de su silla de ruedas y empezó a caminar de regreso al alojamiento con el grupo, dejando atrás la silla de ruedas. ¡Estaba caminando! ¡Era imposible! Estaba un poco inestable, pero caminaba.

Su esposa se quedó prácticamente sin habla por esta experiencia, pero me dijo después que él no sólo estaba caminando sino que su espina se había enderezado y que era como quince centímetros más alto de lo que había sido antes. La alegría inundó nuestros corazones sobrepasando lo que apenas había sucedido en el campo.

Como sanador, he visto muchos milagros muchas veces en mi vida, pero frecuentemente la enfermedad regresa al día siguiente. Sin embargo, al día siguiente aquel hombre caminó hacia el comedor para desayunar con su esposa sonriendo de felicidad a su lado. Después conocí a una persona que era su amiga, y cada año me llamaba para mantenerme al corriente de él. Después de cinco años seguía caminando normalmente.

Este es el caso de un hombre que vio la verdadera naturaleza de la realidad como resultado de la experiencia en el campo inglés. Creo que se dio cuenta de que todo es sólo luz y de que el mundo es creado desde el interior del alma humana; él supo fuera de toda duda que podía curar su enfermedad con su propia conciencia, y así lo hizo.

Esta experiencia en Inglaterra cambió también mi vida, y dio un giro hacia un despertar aún desconocido. Empecé a darme cuenta de que dentro del alma humana había "algo" mucho más grande que ninguna ciencia o mente lógica había jamás considerado. El mundo exterior es creado por el mundo interior que yo de alguna manera sabía que estaba en el corazón humano; de esto estaba seguro.

Yo sabía que este "algo" estaba en el corazón humano porque cuando me sentaba en mi campo Mer-Ka-Ba enviando la vibración de la nube de lluvia, podía saber dónde se localizaba la fuente de la vibración, y era en mi corazón; esto se lograba por y a través del amor que yo tengo por la Madre Tierra. Poco a poco yo estaba siendo preparado para un nuevo entendimiento de mi relación con la vida.

Del libro:

VIVIENDO
EN EL CORAZON
Como entrar al espacio sagrado
del corazón.
Drúnvalo Melchizedek

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